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El Codigo De Auxilio Parte 2

junio 5, 2026

El hombre quedó completamente inmóvil al escuchar aquel nombre. Durante unos segundos, el ruido del restaurante pareció desaparecer. Su respiración se volvió más lenta mientras observaba a la niña con incredulidad. Habían pasado muchos años desde la última vez que escuchó el nombre de Sarah.

—¿Sarah? —preguntó nuevamente, asegurándose de haber oído bien.

La niña asintió con la cabeza.

—Mi mamá dijo que si alguna vez estaba en peligro, debía buscar a un hombre con el lobo negro.

El hombre bajó lentamente la mirada hacia el tatuaje de su mano. Aquella marca no era un simple dibujo. Era un símbolo que muy pocas personas conocían. Sarah era una de ellas.

De pronto, el hombre de traje gris que se encontraba cerca del mostrador comenzó a caminar hacia ellos. Su expresión dejó de ser tranquila y se volvió amenazante. El desconocido había notado que la niña estaba hablando.

—Escúchame con atención —susurró el hombre barbudo—. Quédate detrás de mí pase lo que pase.

La niña obedeció de inmediato.

Cuando el hombre de traje llegó a la mesa, intentó sonreír.

—Disculpe, señor. Mi hija lo está molestando. Tiene mucha imaginación.

Pero antes de que pudiera acercarse más, el hombre barbudo se puso de pie.

—No parece que ella quiera ir contigo.

La sonrisa desapareció del rostro del desconocido.

—Esto no es asunto suyo.

La tensión se apoderó del restaurante. Algunos clientes comenzaron a observar la escena. El hombre de traje extendió una mano hacia la niña.

—Ven aquí ahora mismo.

La pequeña se escondió aún más detrás del hombre barbudo.

Entonces ocurrió algo inesperado.

La niña sacó de su bolsillo un pequeño colgante de plata y se lo entregó al hombre. Al verlo, el color desapareció de su rostro. Era imposible.

Aquel colgante pertenecía a Sarah.

Lo había regalado años atrás, el día que ambos fueron separados después de una operación encubierta que salió mal. Nadie debía conservarlo. Nadie, excepto Sarah.

Dentro del colgante había una fotografía diminuta. Al abrirlo, el hombre sintió un escalofrío.

Era una foto de él junto a Sarah tomada muchos años antes.

La niña observó su reacción.

—Mi mamá dijo que usted me reconocería cuando viera eso.

El hombre cerró el colgante lentamente.

—¿Dónde está tu madre?

Los ojos de la niña se llenaron de lágrimas.

—La tienen encerrada.

Aquellas palabras confirmaron sus peores sospechas.

El hombre de traje intentó aprovechar el momento de distracción para agarrar a la niña, pero apenas dio un paso, el hombre barbudo lo sujetó de la muñeca con una fuerza sorprendente.

—Te advertí que no te acercaras.

El desconocido apretó los dientes y susurró:

—No tienes idea de en qué te estás metiendo.

—Al contrario —respondió el hombre mientras observaba nuevamente el colgante—. Creo que por fin empiezo a entenderlo.

En ese instante sonó un teléfono dentro del bolsillo de la chaqueta de la niña.

Ella lo sacó temblando.

La pantalla mostraba un único mensaje enviado desde un número desconocido:

“Si estás leyendo esto, significa que me encontraron. No confíes en nadie… excepto en él.”

Debajo del mensaje aparecía una fotografía reciente de Sarah, atada a una silla en una habitación oscura.

Y detrás de ella, pintado en la pared, estaba exactamente el mismo símbolo del lobo negro.